miércoles, 11 de julio de 2007

5

Al otro día a la madrugada, Abril caminaba en el patio prácticamente desolado del hospital. De repente, vio a aquel enfermero nuevo y decidió ir hacia él.

-Hola. ¿Te conozco, cierto?

-Sí, Abril -le contestó él sonriendo-. Me preocupaste ayer. O sea, no te conocía y te me caes así.. Me asusté mucho.

-No pasó nada. No es nada grave. Me lo aseguró el doctor, así que...

-Me alegro.

-No recuerdo mucho el momento previo.

-Casi no hablamos si es eso lo que querés saber. O sea, yo, de curioso que soy, intenté saber más de vos pero no me quisiste decir demasiado.

-Lo siento. ¿Te hice sentir incómodo?

-No... -dijo pensativo-. No. No vos. Es que al ser nuevo, y en un lugar así...

-Entendible.

-No, quise decir que... -se apresuró a hablar él nerviosamente-. No quise decirte... No...

-Está bien -le dijo ella calmadamente-. No pasa nada. Sé dónde estoy. Nadie me dibuja nada.

-Lo siento...



-¿Sabes? ¿Podría yo pedirte un favor?

-Sí, por supuesto. ¿Cuál?

-Es temprano y no hay nadie excepto nosotros aquí, ¿cierto?

-Sí -contestó él sin entender.

-Me quiero ir de acá.

-¡¿Qué?! -exclamó él asustado-. ¡No! ¿Querés que te ayude a escapar?

-No, no sería... Bueno, sí. Pero te puedo dar algo a cambio.

-Abril, no. Recién comienzo a trabajar aquí. ¿Sabes el lío que voy a tener?

-Pero es sólo un rato. Necesito hacer unas cosas. Prometo no decir nada. Además, ya te dije... puedo darte algo a cambio.

-Es que no me interesa.

-¿No? -le preguntó ella y lo llevó a un recoveco que conocía muy bien, bastante apartado, y comenzó a besarlo mientras metía su mano en el pantalón.

-Abril, no... -dijo él pero no pudo completar la frase. Ella ya estaba haciendo lo suyo. Él ya no pudo pensar. Sin quererlo, sólo se relajó y disfrutó.

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