domingo, 24 de junio de 2007

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Hacía tiempo que Abril se sentía cansada de la vida que llevaba. El hombre que la salvaría no aparecía; su vida sólo se derrumbaba con el paso del tiempo; y la tristeza de su alma sólo aumentaba día a día.

Era una mañana fría. La luz del sol apenas asomaba sobre el patio del hospital. Hacía frío, pero ella ni lo notó.

-Abril... Abril. ¡Abril! -le gritó Valeria, su hermana, que día a día la iba a visitar-. ¿Qué sucede? Estás en otro mundo.

-Siempre estoy en otro mundo -le contestó ella, mirándola a los ojos luego de tener su mirada fija en el suelo varios minutos-. Éste no me gusta.




-La vida no es siempre tan maravillosa -le dijo Valeria-, pero tampoco es siempre tan mala. ¿Me estás escuchando?

-¡No! ¿No te das cuenta que no me interesa escucharte? ¿Me encerraste en este hospital de porquería y pretendés que encima te escuche atentamente? ¡No! ¡No quiero! ¡No quiero escucharte ni a vos ni a nadie! ¡Me quiero ir!

-¿Y cómo lo vas a lograr en este estado? Ya nadie confía en vos. Tu cuarto está completamente vacío porque cualquier cosa que encontrás la utilizás para lastimarte... y así como te lastimás vos, me lastimás a mí.

-Vete.

-Abril, hablemos...

-¡No! ¡Vete!

Valeria se fue resignada. Al fin y al cabo, ésta era una situación que se repetía casi todos los días. A veces era más callada, otra veces más histérica, pero siempre estaba ahí.

1 comentario:

Jexxiland dijo...

Presiento que tu blog se pondrá cada vez más interesante...